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OBRA

Derrida, una introducción
Derrida, una introducción
Desde mediados de la década del 70, las publicaciones de Derrida estarán íntimamente ligadas a los seminarios, congresos, participaciones públicas, en las que va intervenir constantemente. Estados Unidos se convertirá en un espacio privilegiado para la recepción y difusión de su pensamiento. El congreso de Baltimore en 1966 había sido su desembarco en el nuevo escenario académico. En 1975, Paul de Man participa activamente para lograr que la Universidad de Yale le otorgue una beca como profesor visitante, allí ejerció la docencia hasta 1986, dictando clases en los trimestres de primavera y otoño. En 1978 dio clases en Berkeley y desde 1982 fue nombrado profesor en el programa Andrew D. White Proffesors al Large en la Universidad de Cornel; en 1987 dictó conferencias en la Universidad de Darthmouth y en Hannover. Desde 1986 empezó a dar clases en diferentes facultades y universidades de Nueva York como la CUNY. Desde 1992 fue contratado como docente en la universidad de Nueva York, en Nueva Facultad para la Investigación Social. Desde el 2000, comenzó a dar cursos regularmente en Irvine. Los departamentos de literatura de las universidades norteamericanas fueron los recintos desde los que se expandieron las resonancias y las polémicas provocadas por pensamiento derridiano; la recepción de sus teorías en Estados Unidos contribuyó en gran medida a la amplificación de la visibilidad y la atención que recibía su persona y su obra. En 1981, viajó a Praga con el objetivo de apoyar la tarea que llevaba a cabo la Fundación educativa Jan Hus. Durante ese viaje fue detenido por las autoridades checoeslovacas bajo la falsa acusación de tenencia de drogas, lo que disparó inmediatamente la solidaridad de innumerables intelectuales de todo el mundo y la intervención del gobierno francés que logró su liberación. Tras ese episodio Derrida acentúo una fama extendida más allá de los campos académicos e intelectuales, lo que no le resultaba ni agradable ni placentero. La proyección de su obra se reflejó en el interés de la universidades de todo del mundo de contar con su participación y también por el profundo rechazo que sus teorías movilizaban, expresado tanto en polémicas universitarias como en diatribas de las que se hacían ecos las páginas de los grandes diarios, siempre tan ajenas a los avatares del pensamiento teórico. Correlativamente con una intensa labor docente y académicas, Derrida participó activamente en la organización de agrupaciones que promovieran el estudio de la filosofía. Junto con Sarah Kofman, Jean-Luc Nancy y Philippe Lacoue- Labarthe, fundó en 1975 un grupo de investigación sobre la enseñanza de la filosofía (Groupe de recherche sur l’ enseignement philosophique – GREPH). En 1979 participa en los États Généraux de la Philosophie, nombre que aludía a los consejos revolucionarios de los primeros tiempos de la Revolución Francesa en los que no se tenían en cuenta las distinciones de clase, eran reuniones convocadas con el objeto de programar las actividades para enfrentar los acontecimientos. Las preocupaciones que movían a los impulsores de ese proyecto estaban relacionadas con la marginación de la enseñanza de la filosofía en los planes de estudio de la secundaria y el bachillerato en Francia. En 1983, por expreso encargo del ministro de Educación Jean Pierre Chevènement se organizó el Colegio Internacional de Filosofía que tuvo a Derrida como su primer director electo durante un año, siendo luego sucedido por Jean-François Lyotard. Si el GREPH tuvo una vida efímera, el Colegio, en cambio, tendrá una más extensa duración, hasta el 2000 será el escenario de los actividades organizadas por al UNESCO en Francia; allí Derridá continuará dando conferencias durante muchos años. Estas actividades relacionadas íntimamente con la atención que las instituciones del estado debían otorgar a la enseñanza y difusión de la filosofía, junto con otras numerosas intervenciones en alineaciones más estrictamente políticas como la organización de Ciudades de Asilo, La Fundación contra el Apartheid y el Comité de Escritores a favor de Nelson Mandela, permiten echar luz sobre su compromiso político que en estos casos es más directo y explícito. Roberto Ferro.

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