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NOTAS

Rayuela 5/5
Rayuela 5/5
Clase 5 21 de junio de 2012 Roberto Ferro: De alguna manera, hay que insistir con el nombre de Cortázar, porque –esa es mi experiencia– cuando uno centra la atención sobre la figura de Cortázar y hace un curso sobre su figura, se genera este tipo de atención. Porque al parecer los textos de Cortázar establecen un tipo de relación con los lectores que permite que el contacto que se produce, en una escena como esta, sea distinto. Y esto también se recibe desde aquí, en el sentido de que hay como una movilización diferente. Es como si se planteara algo diferente y el curso funcionara de otra manera. Yo insisto sobre un punto que me parece importante, que es la circunstancia de que ustedes pueden abrir diálogo conmigo cuando lo consideren importante. Pasó una cuestión muy particular. Yo no lo consulté a él, pero supongo que no tendrá inconvenientes. Uno de los habituales asistentes a mis cursos (se llama Alejandro Ramos) me envió un mail donde hace toda una lectura de Rayuela y a mí se me ocurrió pedirle a Denise (que es quien desgraba las clases) que incluya como adjunto esa lectura , porque es un modo de provocación para todos los que asisten, en el sentido de que la búsqueda sea esa. Ese fue el punto de partida. Yo voy a tratar de plantear algunas cuestiones pensando este curso también como una trama, como una urdimbre. Yo dije en la primera clase que para mí la función del crítico literario no pasa por exponer un modelo privilegiado de significación, sino antes bien su función, la función del crítico literario, que es básicamente un lector, puede ser la de un agente provocador del encuentro de cada lector con su propio sentido, con su propio camino de interpretación. En ese epígrafe, en ese comienzo, yo estaba cifrando cuál era la propuesta. Luego, había un epígrafe del propio Cortázar que a mí me resulta muy significativo. Y siempre esto de significativo tiene que ver por todas las resonancias que esto produce en cada uno de ustedes. “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.” Esa es la idea del texto y el lector. Entonces, ¿cuál fue el planteo inicial, lo que yo quería desarrollar? Leer Rayuela considerándolo como parte de un juego, un trabajo, una producción y una práctica; los lectores entonces en función de interpretadores. Los lectores interpretamos pero no con la idea de encontrar un sentido, sino como un músico interpreta una partitura o un actor interpreta un papel en una obra de teatro. E inmediatamente agregué que podíamos pensar el texto como un territorio y a ese territorio nosotros nos íbamos a aproximar, primero sobrevolando el texto, y en segundo lugar, internándonos en el texto. Y yo les planteé que mi idea era pensar a Rayuela como una máquina en la que el lector iba a ser un operador deseante. Había de por medio una serie de cuestiones allí, muy precisas. Entre ellas, básicamente ese tablero de dirección. Y me parece que si ustedes, ya que tienen cierta experiencia en lo que yo he ido planteando, habrán observado que yo he hecho muchísimo hincapié en la posibilidad de valoración de las estrategias de ustedes frente al texto. Entonces, lo que hemos hecho es tratar de pensar ese objeto como un objeto que cada lector tiene que modular a su manera, siempre poniendo allí el cuidado de atender a lo que cada lector tiene que revisar constantemente, que es cómo está leyendo. Hay un riesgo muy grande en las estrategias de lectura. Yo suelo contar un elenco de mitos berretas. En vez de ser mitos como Platón, que tiene la caverna, yo tengo mitos berretas. A veces, trabajo con escritores, en mi estudio. Y suelo contar la siguiente anécdota: imagínense si alguna vez recala en ese estudio alguien que casualmente sea tocayo mío. Y llega, con el mechón de pelo caído sobre la frente, y un libro a leer. Si yo leo ese libro con la receta Borges, liquido a Roberto Arlt. Lo liquido. Lo que distingue a cada escritor es la diferencia. Ahora, si nosotros somos capaces de percibir la diferencia entre Rulfo y Borges, la diferencia entre Cortázar y Onetti. Si somos capaces de eso, tenemos que tener precisa la idea de que constantemente tenemos que poner a prueba nuestras modalidades de lectura. Porque si no, existe la posibilidad de que esos dispositivos de lectura terminen convirtiendo al texto que estamos leyendo en una monotonía. Entonces, nuestro trabajo estuvo centrado en observar cómo estaba construido Rayuela, y estuvimos menos interesados en saber cuál era mi propia interpretación, y menos aún en cuál era mi trabajo para provocar la interpretación de ustedes. A veces uno puede decir cosas triviales, como por ejemplo que alguien dice: “Ah, a mí me gusta Bach”. Bueno, ¿cuántas veces escuchaste la Toccata y fuga? Esa persona nos miraría… ¿Cuántas veces leemos a Rayuela? Son textos que no se agotan. (Bajar el archivo completo)
 
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