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NOTAS

Macedonio 4/5
Macedonio 4/5
Clase 4 31 de mayo de 2013 Clase 4. Teoría de la novela y novela de la teoría. Pensamiento narrado y pensar narrativo. El humor de Macedonio. Personaje y trama. Museo de la novela de la eterna Roberto Ferro: Las lecturas de algunas cuestiones tienen que ser intensas, de modo que abarquen todos los niveles de atención del lector. Estuve con las tres mil páginas de las cartas de Cortázar. La característica de Cortázar era la insistencia que tenía en la búsqueda de que los editores respetaran sus textos; cuando publicaba un texto, que no le cambiaran una coma. Entonces, a su vez corregía y le sugería a los traductores determinados cambios. Por ejemplo, hay un cuento de él que es: “Usted se tendió a tu lado”. Y Cortázar le dice al traductor: “No hagamos más esfuerzos, no se puede traducir, porque si se traduce, se pierde el efecto, y yo prefiero no traducirlo antes de que se pierda el efecto”. Pero esta idea de que lo de Macedonio forma parte de una cuestión de porvenir tiene que ver (lo de los lectores de vanguardia) con una cuestión que podría situarse en el siguiente plano: los lectores, nosotros, estamos atravesados por gramáticas y por retóricas, entonces aceptemos que muchas veces, más que leer, somos leídos. Cuando enfrentamos un texto que nos descoloca o que nos inquieta, estamos dispuestos a animarnos a meternos en ese texto que seguramente nos saca de la comodidad del lugar. Ese sería un punto. Yo les decía que la crítica también tiene que ver con los lugares en donde uno se pone y también está la idea de cuando uno hace el sobrevuelo. Y la experiencia me dice a mí que hay algunos textos fundamentales de la literatura latinoamericana que no son leídos. Como diría Bolaño, ¿qué van a hacer algunos escritores pobres frente a eso? Y, seguir escribiendo. Porque cuando alguien propone hablar de literatura latinoamericana y oímos algunos nombres, podemos decir que ahí hay un problema de coagulación de las lecturas, de insistencia de las lecturas: qué pasa con Lezama, qué pasa con Elizondo, qué pasa con Fernando Del Paso, qué pasa con Arguedas. Uno de pronto dice Arguedas y es como que entrara en una zona de olvido; qué pasa con Vallejo, por ejemplo. En definitiva, qué pasa con esos nombres que estarían funcionando como puntos de quiebre. Cuando uno enfrenta una obra como la de Macedonio, elude cualquier tentación de enciclopedismo, de abarcar todo. Porque ustedes serán lectores salteados y desde el lugar en el que yo estoy pensando el trabajo es asumir el lugar del que provoca. Avancemos con Museo de la novela de la eterna. Se me ocurrió que podía llevar a cabo una práctica que a veces hacía en mis clases, que es elegir un epígrafe y leerlo. El epígrafe es de un escritor brasileño que se llama Osman Lins, el epígrafe es de Avalovara, y me pareció que era una magnífica metáfora del acto de lectura: ¿Cómo narrar el viaje y describir el río a lo largo del cual -otro río- existe el viaje, de tal modo que resalte, en el texto, aquella fase más recóndita y duradera del evento, aquella donde el evento, sin comienzo ni fin, nos desafía, móvil e inmóvil? Cuando él dice “Cómo narrar el viaje y describir el río...”, me pareció que era posible pensar cómo narrar la lectura y describir el texto a lo largo del cual existe la lectura. La idea de que la lectura es un viaje me parece absolutamente interesante. También quería decirles que Osman Lins es un poeta que ustedes lo pueden buscar. Yo lo menciono como poeta porque creo que su prosa es poética. Museo de la novela de la eterna está situada en lo que tiene que ver con dónde ocurren los acontecimientos, en algunos lugares precisos: uno de ellos es La Estancia. ¿Qué es La Estancia? Bueno, revisemos nuestro imaginario: la estancia es uno de los lugares fundantes del imaginario popular argentino. Digamos, no hay argentino que, mencionada la palabra estancia, no se plantee determinado tipo de cuestiones. Era la Estancia un campo de unas cien hectáreas, en litigio eterno, al cual tenía derecho prominente el Presidente, existiendo a otros interesados por él reconocidos y de quienes había obtenido dos años antes aquiescencia para domiciliarse en dicho fundo, a cambio de vigilar la propiedad y solventar sus cargas. Si nosotros nos asomamos como corresponde y estamos leyendo, leer es un trabajo sobre el lenguaje. En eso consiste la lectura. Lo que hace el lector consiste en establecer juegos y desvíos. La palabra estancia es muy fuerte. Porque además de remitir al imaginario argentino, estancia también está conectada con una palabra de vocabulario heideggeriano. La palabra dasein es ‘existencia’. ¿Cómo traducirla? Es un estar en el mundo, lo cual no significa que hay mundo en el cual se halla esa existencia. Si podemos acercarnos a esto, yo creo que una de las posibilidades de pensarlo es ya no como un referente, la estancia, sino la idea de estancia, de estar en el mundo, estaría remitiendo a esa dimensión metafísica o acaso ontológica de la existencia de la ficción: la idea de una novela-cosmos. “Cuando cada uno llegó a la Estancia, sintióse conmovido por doble impresión y se dijo: ‘Entró’ a ‘La Novela’ y a la novela”. Por supuesto que está el otro concepto al cual me referí al principio: la idea de estancia como ‘asiento en un lugar, una casa, un lugar, un paraje’. En Argentina y Chile, la idea de estancia por supuesto es una ‘hacienda de campo especialmente dedicada, ya sea a la ganadería o la agricultura’. Me parece que estancia en Macedonio estaría trabajando con una oposición, moviéndose, dialogando y en tensión con el concepto de la novela costumbrista argentina. Porque en esos cascos de la tradición rural habitaban para Macedonio las narrativas sin sentido, las novelas malas. Es muy interesante porque Juan Carlos Onetti es un escritor que confronta con el nativismo, muy arraigado en la literatura uruguaya. Él publicaba en la revista Marcha algunos textos con seudónimo: uno de ellos era Grucho Marx (no Groucho Marx) y el otro era Periquito el Aguador. En uno de esos textos, dice: “Bueno, se van quince días al campo y vienen y escriben una novela con angelitos pobres, gauchos perdidos y estancieros malos.” También dice: “…Pesan ciento veinte kilos y escriben novelas que se llaman Hambre”, moviéndose en ese sentido. Volviendo a Macedonio, me parece que hay un trabajo con estancia, cómo funciona contradictoriamente como una estancia dentro de una novela costumbrista. Podría ser la estancia el lugar de encuentro entre los personajes y el lector, y esto sería también un lugar de entramado, de urdimbre. Yo tengo inclinación por la palabra urdimbre, me gusta; es el lugar de encuentro, de entramado, entre el arte, lo eterno y la no-vida. También es el espacio de los pasados que desaparecen. Los pasados nunca desaparecen solamente, sino desaparecen para transformarse: por ejemplo en recuerdo, por ejemplo en culpa. Ese movimiento. Pero también es un lugar donde se resquebraja la realidad. Dice Macedonio: “Se divisan, empero, todavía, la leyenda de ambos pilares de entrada a la estancia: ‘Aquí dejad vuestros pasados’; ‘Transponedme y vuestro pasado no os seguirá’.” Entonces, me parece que ahí hay un punto. De vez en cuando, los personajes de la Novela de la Eterna se van de la Estancia. ¿Y adónde van? Van de visita a Buenos Aires. Por eso, dice Macedonio, “...cuando andan por las calles de Buenos Aires se sienten reales y ansían volver a latir en la novela”. Van a la ciudad como a la realidad, vuelven a la estancia como al ensueño. Cada partida es una salida de personajes a la realidad. Me parece que allí el texto está trabajando con una escisión: lo que el texto dice que es la Estancia, lo que el texto dice que es la ciudad, pensando esto como dos connotaciones de dos espacios que podrían ser la realidad y la imaginación. El campo es el lugar para la contemplación; la ciudad es el lugar de la acción. El campo podría estar vinculado con la fantasía propia de la literatura, mientras que la ciudad parece apegada a la praxis de la vida. Pero en los escritos de Macedonio, cuando él se refiere al campo y a la ciudad, son muy ambivalentes y no es tan fácil circunscribirlos a una sola lectura. Por ejemplo, para aproximarnos. Ustedes, si voy rápido, me avisan. Hay tiempo. Se pueden decir las mismas cosas en un solo bolero o en diez boleros. En el Museo, la ciudad, como topos, como motivo, se opone a la Estancia “La Novela”. La estancia se llama “La Novela”. Buenos Aires es, de acuerdo al texto, “la suprema ciudad merodeada por la sombra del campo sin límites viviendo a oscuras su destino”. Por lo tanto, Macedonio está escribiendo su novela en una tensión entre dos lugares. Cuestión que, como vemos, tiene una larga descendencia. (BAJAR EL ARCHIVO COMPLETO)
 
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